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DISFRUTA DEL QUESO CON LOS 5 SENTIDOS

Cuando uno come queso, no se para a pensar la cantidad de detalles que pasan desapercibidos. Y es que, cuando lo degustamos entran en función todos nuestros sentidos, implicando a todo el cuerpo.

Existen diferentes características que nos indican los valores adecuados para poder valorar un queso cuando lo catamos, son las llamadas cualidades organolépticas óptimas.

Al igual que la de otros muchos alimentos y bebidas, como el vino o el aceite, la cata del queso pasa por distintas fases: visual, olfativa y gustativa, una fase táctil y la textura en boca después.

VISTA

Con el sentido de la vista analizamos su aspecto exterior. Es la primera de las fases y con ello analizamos tres cosas fundamentales: La forma del propio queso, la corteza (si es lisa, rugosa, untado en aceite…) y su tamaño.

TACTO

El tacto, a través de nuestras manos nos aporta información referente al grado de humedad, al grado de rugosidad de la pasta del queso. Podemos encontrarnos desde un tacto suave y liso a un tacto más rugoso y granulado en función del tipo de queso.

OLFATO

¡Qué decir del olfato! Uno de nuestros máximos amigos a la hora de realizar una cata de quesos. Con tan sólo acercar el queso a la nariz podemos percibir el olor, aroma e intensidad. En cuanto a los quesos de oveja, como los Quesos Quevedo, varían de intensidad media-alta en función de su curación.

También podemos clasificarlos en función de su olor láctico, vegetal, afrutado, especiado… y un sinfín de características más, según los aditivos que se impregnen al queso durante su fabricación.

GUSTO Y OÍDO

Llega el mejor momento. Ese momento en el que te introduces el queso en tu boca y disfrutas a lo grande de su sabor.

En esta fase no solo entra en función un solo sentido. Al masticar, nuestro cerebro envía múltiples sensaciones a nuestro cerebro, relativos a atributos de la textura como su firmeza, la deformabilidad y la adherencia.

Durante la masticación se ponen en funcionamiento los órganos mecano-receptores (boca, dientes, muelas y paladar) y otros receptores táctiles y auditivos que se encargan de transmitir al cerebro múltiples sensaciones relativas a los atributos de la textura en la boca. También características como la granulosidad, la fuerza al masticar o el tipo de pasta del queso.

Pero el oído permanece atento a todas estas características y a la forma de masticar el queso. Por lo que también es clave en su cata.

LA CLAVE: SABOR + AROMA

¡Atento! Llega la clave para disfrutar al máximo de tu queso.

El aroma es el conjunto de sensaciones que detectamos por vía retronasal durante la degustación y para poder captarlo correctamente hay que masticar durante algunos segundos manteniendo la respiración. Luego con la boca cerrada, liberamos el aire para que vayan apareciendo los diferentes aromas del queso, degustando así su intensidad.

Y su sabor lo percibimos en la lengua, a través del órgano del gusto. Los sabores básicos o elementales son el dulce, salado, ácido y amargo.

Esa sensación, la que te ofrece una combinación de diferente texturas, sabores y olores será la que te acabe conquistando. Pero recuerda, que todo tu cuerpo se prepara para recibir ese pequeño bocado celestial llamado QUESO.

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